
¡Cuanto daño hizo la serie de televisión MacGyver, aquella donde un mozalbete de Arkansas (o de por ahí) sufría mil y un problemas y se zafaba de ellos haciendo dinamita con una percha del Ikea, un condón con una galleta o un aeroplano con un sobre de manzanilla!
Ahora que la crisis nos asedia, y asola las economías domésticas de este mundo hipotecado, miles de mentes ociosas quieren emular al héroe creando un invento que les saque de pobres o, a una mala, que les ayude a ganar un dinero que invertirán en marcas blancas del Mercadona y un fin de semana de agosto apiñados con la familia, la abuela y el perro en un apartamento en Torrevieja, Alicante.
Pero en Estados Unidos no tienen Torrevieja. Allí lo más viejo que tienen es a Tony Curtis, y encima al pobre le queda un telediario. Lo que sí tienen son novias con ganas de emperifollarse y hacerse un vestido bonito y barato para el día más feliz de su vida.
¿Y qué hay en Estados Unidos que sea muy barato?
- Eeeh... ¿La hora de trabajo de un negro?
- Sí, cierto, pero más barato.
- ¿La hora de trabajo de un mexicano?
- Más barato todavía.
- No lo hay, es imposible.
-Bueno, pues por el mismo precio entonces.
¡El papel higiénico, of course!
Y pronunciadas esas palabras el cielo truena y se cubre de nubarrones y entonces MacGyver, la novia de América y la celulosa hacen surgir esta idea macabra: Los vestidos de novia hechos con papel higiénico.
¡¡Del culo al altar, ladies and gentlemen!!
¡Qué bonito, blanco y terso momento!: Ellas, mañosas muchachas, los confeccionan y fotografían para que en
un blog reciban alabanzas y adulaciones (
¡guapa! ¡artista!) así como trucos de corte y confección. (Bueno, mucho corte no tiene el asunto: Sólo hay que pegar un tirón por la zona de puntitos.) Pero su confección, en cambio, sí es frágil: Continuamente las prometidas costureras sienten la irrefrenable tentación de agarrar un trozo del papel para sonarse la nariz o limpiarse el chorretón de salsa de hamburguesa que les cae por la comisura de sus labios americanos. Y sin darse cuenta, en ese acto inconsciente y pueril, están rompiendo ¡ay, dolor! un trozo de hombrera o una enagua de papel.
Pero ¿por qué sufrir? ¿por qué usan papel higiénico y no algo más resistente?
¿Será por aquello de "te casaste: la cagaste"?
¿Porque para el novio todo esto es un marrón?
¿Porque la sorda de turno entendió que la iglesia era "un lugar de culo"
, y no "de culto
"?
Si el padre de la novia tiene un bar ¿el papel higiénico del vestido será áspero, oscuro, y de mala calidad?
¿Qué elegirán como muñecos de la tarta? ¿Los carteles del retrete de señoras y de caballeros?
Hablando de baños, si la novia tiene un apretón, ¿con qué se limpiará? ¿Con la diadema?
¿Y de qué estará hecho el anillo de compromiso? ¿Del cartón del interior del rollo?
Si llueve, ¿se atreverá alguien a soltar aquello de "novia mojada, novia afortunada"?
¿Qué habrá en la lista de bodas? ¿Pato WC?
Y la pregunta clave: ¿Prohibirán la entrada al perrito de Scottex?
Tengo la certeza de que, en su momento, barajaron la posibilidad de susituir el mustio papel higiénico por el colorido y resistente papel Pinocho; pero el problema era ¿quién las iba a creer al pronunciar el "Sí quiero"?
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