
Todos sabemos que el Ketchup es una guarrindongada del 15 que viene bien muy de vez en cuando para las hamburguesas, porque si lo echas sobre cualquier comida le quita todo el sabor y es un dolor. El Ketchup es la plantilla Devorolor de todas las salsas. Es más, si lo echases en las zapatillas de un adolescente, jamás volverían a oler. De hecho, no olería ni el propio adolescente, lo cual ya es un milagro.
Los norteamericanos creen que los europeos -es decir, de México para abajo- somos subnormales o seguimos en las cavernas pintando bisontes y comiendo dinosaurios crudos, por eso han lanzado esta coña marinera poniendo una cara muy seria: "Ketchup gourmet, primera cosecha de las suaves temperaturas del verano portugués" (sic)
Me recuerda a un sketch de Benny Hill donde él hacía de camarero que ofrecía un vino peleón a un cliente (el viejito calvo ese tan gracioso). Éste se quejaba y Hill se daba la vuelta, cambiaba la etiqueta por otra, y entonces el cliente admitía que era un vino maravilloso. Esto es igual: Tú metes mierda en un bote y sigue siendo mierda.
La bola de nieve del desaguisado ha crecido con la brillante idea de la marca Heinz de enviar una muestra al crítico gastronómico Carlos Capel, que, como es obvio, los ha puesto a caer de un burro en un artículo del que recomiendo su lectura. Lo que viene a decir es que la primera cosecha del tomate es la peor de todas (¡ZASCA!), además de que por lo mega-especiado de esta salsa, por mucho mega-tomate que le pongas nunca va a saber a tomate (¡ZASCA, ZASCA!). Finalmente, Capel se burla de esas "suaves temperaturas" del verano portugués, ya que en realidad allí hace un calor del copón de la baraja (¡ZASCA, ZASCA, ZASCA!), que no hacen sino agrandar el disparate de este producto (¡KO!).
Como punto final, Carlos Capel incluye una receta casera de Ketchup que yo, personalmente voy a poner en marcha en cuanto tenga un minutito libre con mi Pablo, camino de los once meses y guapo a rabiar. Os debo unas fotos, las habrá, pero es que no paro. Besitos.







