Con semejante gélido panorama donde hay más hielo que un macrobotellón, ¿cómo promocionarlo? Porque, claro, no vas a hablar del volcán aquel que tenía sólo consonantes, que parecía que lo había escrito tu sobrino cuando le dejaste jugar con el teclado del ordenador. Islandia tiene un clima tan predecible que el hombre del tiempo del telediario es en realidad un vídeo que grabaron hace 40 años y repiten todos los días. Árboles debe haber pocos, y parques temáticos me da a mí que como no amaestres un ratón y lo vistas de smoking y al pato del lago de primera comunión, tampoco hay mucha más opción. Por cierto, los esquimales ¿dónde van a divertirse? ¿a Disneislandia? (por un chiste así me dejan de seguir 5 en twitter).
Definitivamente, si eres una agencia de publicidad y te piden una campaña de turismo de Islandia tienes 2 opciones: Huir donde no te encuentre ni el Tato (a Islandia, por ejemplo), o poner una música muy molona y un montón de adolescente todos muy guapos rollo Tommy Hillffiger bailando y haciendo el monguer para despistar. Pues eso es justo lo que han hecho (me refiero a lo segundo). ¡Y les ha salido guay!
Aquí estoy yo, viralizando este vídeo (¿videolizando?) y pensando cómo me gustaría irme a Islandia con mi pequeño y mi chico, ser así de flaca y de guapa y de sonriente a 59 grados bajo cero, cambiarme el nombre a Ströjenmina y a mi pequeño Yurupuki, y que se nos pongan los cachetes rojos como manzanas, los mocos azules y colganderos como estalactitas, y celebrar que hoy hay suerte y anochece un poco más tarde: a las 10 de la mañana.
Pero algo debe tener el anuncio porque engancha cosa mala. ¿Será el buen rollo? ¿Será que al final va a resultar que aquello es bonito? ¿Será el champán? ¿Será el licor? ¿Serán las luces de esta habitación? ¿Será el poder de una canción? Ummm... Tunku tunku tuntun tuun ;-)






















