
El pasado domingo fui a comer a un japonés de mi barrio y en la mesa de al lado una madre explicaba a sus dos hijas de entre 8 y 10 años la aventura y diversión que suponía probar comida tan rara y sabrosa como la japonesa. Con esta ingeniosa fórmula conseguía que las pequeñas engullieran, solícitas, todo tipo de algas, wasabi, jengibres, y sushis de lo más variopinto.
En una época de hamburguesas, ketchup y bollos industriales (me encanta ese adjetivo, como si el resto de la comida no fuera industrial y lo hiciera una abuelita con moño blanco junto a un perolo, removiendo un cucharón de madera de dos metros) lo de esta madre es, cuanto menos, un triunfo. De hecho, el logotipo de Operación Triunfo debería dejar de ser una mano sujetando un micro y convertirse en la mano de una madre con una cuchara. ¡Club de Fans en Facebook ya! (¿por cierto para que demonios sirven los Clubs de Fans de Facebook??).
Siguiendo con la idea de convertir la comida en un acto divertido, podemos utilizar esta práctica vajilla con forma de DIN A4 (aplausos del público mientras la azafata mueve la mano cual capote al viento para mostrar el producto) y redondear la idea con unos palillos simulando lapiceros de colores.
Eso sí, no se te ocurra pintar el mantel con los lápices, hacer monigotes sobre el plato-folio con la salsa de soja, o utilizar los palillos para usar la vajilla de tambor porque no es para eso. En la mesa no se juega.




























