
En la web del artista Shephard Fairey
'Obey' hay un apartado llamado "
Piratas", que muestra ilustraciones ajenas inspiradas en su estilo. Me ha llamado la atención este de SM Don Juan Carlos de Borbón, alias El Rey (mira, como Elvis) donde le tachan de Vago. ¿Cómo que vago? ¡Qué gentuza! Nuestro Rey es un innovador, un moderno. ¡Un transgresor! Ha sido el primer monarca en llevar piercing en la lengua (porque supongo que habla así por eso, ¿no?). A ver, la Reina es carca porque hace de Ying en la pareja, no porque sea así normalmente. Es una pose. O sea, uno es ying y otro yang. Uno campechano y la otra antigua. Es el equilibrio perfecto. Está todo ensayado, hombre. Si no de qué van a llevar ahí 400 años reinando. Yang Carlos Primero deberían llamarle.
Pero decirle vago, no. Eso jamás. ¿Es que nadie se imagina el esfuerzo titánico que supone para un hombre de 71 años correr la cortinita que cubre una placa conmemorativa? ¿O tener que ir a un colegio en Parla, que está a tomar por culo? ¿O comer caviar y langosta todo el santo día, o reducción de alcaparras con aroma de ébano y golondrinos esferificados? Que un día dices, coño, qué cosa más original; pero a partir del segundo día, cansa.
Hablo en serio: Imagináos al pobre hombre, que vuelve de Parla agotado, que le toca cambiarse de ropa y ponerse el traje de gala con el pecho lleno de medallas, que tiene más metal que la boca de un rumano, y encima del peso que lleva en la pechera se va a cenar con 500 personas, y resulta que el que mejor le cae está al otro extremo de la mesa. Y la mesa mide cinco kilómetros, ojo. Y en el Palacio no hay cobertura por eso de la seguridad, así que no pueden mandarse SMS o mails con la Blackberry. Empezamos mal.
Total, que llega el hombre y le ponen un plato de carne mechada y al lado dos zanahorias pequeñitas. Y en vez de salsa un reguero marrón finiiito finiito como el meao de una hormiga, así, dibujando una florecita. Yo soy el Rey, y vamos, me levanto y digo: "A ver, unas patatas fritas, pero deprisita, que llevo 50 años comiendo zanahorias pequeñas y tomates cherrys y me tenéis hasta los huevos. Y traed más pan, coño, que estamos en España y aquí se come pan."
Hombre, igual le pasa esto porque él pronuncia "Padadas feditas" y no le entiende nadie. Y el Chef de palacio dice al pinche:
- Paco, ¿qué ha dicho este que le pongamos?
- No sé, macho, pero tú ponle zanahorias pequeñas a ver si la vamos a cagar.
Eso por un lado, porque el otro problema es la carne mechada, que tiende a quedarse entre los dientes y deja unos paluegos bien hermosos. Que a ver cómo te los quitas. Estando en confianza con unos amigos pues te tapas con una mano y te escarbas con la uñita o pides un palillo, o te vas al baño a quitártelo, o mueves la lengua hasta que sale. Pero si lo haces delante de 500 invitados igual alguno de África o un país de ahí lejos te ve moviendo la lengua, tapándote con la mano, y haciendo cosas raras y lo interpreta como un gesto ofensivo de una tribu rival, y te lía la tercera guerra mundial.
Definitivamente tendrían que poner palillos, aunque sean de plata y luego se estropeen. Ya luego le pasas el Sidol y quedan como nuevos.
De hecho, pensando en los paluegos, igual es que el Rey habla así, con frenillo, porque tiene toda la boca llena de paluegos que no se ha podido quitar. "Este marrón es de un trozo de ternera cuando la cena con Bush; este del pre-molar izquierdo de cuando se casó Felipe; este de aquí en los dientes de abajo un cacho de jamón del cóctel de cuando ganaron los socialistas en el 82.... "
Va a ser eso. Porque según llega a casa, al Palacio de la Zarzuela, entre que da las buenas noches a los 40 de servicio, a sus 14 perros y 7 gatos, se quita las medallas, los zapatos, la faja, la banda esa azul celeste, la pajarita y todo, cuando por fin está en pelotas y va a cepillarse los dientes y a quitarse el dichoso trozo de carne ya se le ha hecho otra vez de día. Y entonces se acerca el mayordomo y le dice:
- Su Majestad, que se dé usted prisa porque tiene que ir a inaugurar un colegio en Palafrugell. Ya se cepillará usted luego los dientes, que le esperan abajo.
Y el pobre suspira, echa un pis rápido y otra vez a empezar. Como cada día. Como todos los días desde hace más de 30 años.
Para que luego le llamen vago.